Las vacaciones constituyen el período del año en el que las personas logran el tan ansiado relax; el equilibrio perfecto entre su persona y la naturaleza. No importa si viajan a algún lugar o se quedan en casa; simplemente pueden dedicarse a descansar y a hacer actividades que durante el resto del año les es imposible llevar a cabo.
Cuando terminan las vacaciones debemos volver a la rutina, obligaciones, problemas, cuentas a pagar, tensiones, etc. Nos estresamos con una gran facilidad.
Bajo estas circunstancias, el organismo se defiende mediante una serie de manifestaciones físicas y psíquicas.
En lo referente a las afecciones físicas, lo común es sufrir de insomnio, falta de apetito, acidez y otras molestias gástricas, en cuanto a las psíquicas, surgen cuadros de depresión, irritabilidad, mal humor, desgano y la imposibilidad de mantener la atención y concentración al realizar ciertas actividades o tareas.
Así como las manifestaciones son diferentes, el estrés laboral es provocado por causas múltiples. Podemos hablar de un polideterminismo casual. A veces, todo comienza en el trabajo, pero, luego se traslada al ámbito privado, afectando la vida personal, eso se observa, en ocasiones, en el desorden alimenticio, o en la imposibilidad de disfrutar de ratos de ocio.
Muchas personas cuando regresan de sus vacaciones comienzan a consultar con sus médicos por diferentes patologías, en especial, las relacionadas con problemas cardiológicos, siendo lo más común, la hipertensión, gástricas, con problemas que involucran la acidez. Estas afecciones son comunes en jóvenes y adultos laboralmente activos.
Este tipo de afecciones, si no son tratadas, pasan de ser afecciones funcionales para transformarse en orgánicas.
Pero, ¿cómo tratarlos? Lo más conveniente es llevar una vida sana con hábitos correctos y saludables, y sobre todo, con una buena dieta equilibrada. Por otra parte, también será necesario contar con ayuda psicológica.