El primer día en un nuevo trabajo, se puede comparar con el primer día en que iniciamos la escuela. La diferencia es que ya no están nuestros padres para llevarnos de la mano y tranquilizarnos, y que no queda muy bien comenzar a llorar en público. Sin embargo, la impresión es la misma, el miedo, las ganas de estar en otro lugar, el malestar en el estómago, pero, ya somos adultos y debemos superar esos inconvenientes.
La mayoría de los jefes llega al cargo sin una preparación previa. La experiencia anterior no es valiosa en este momento, o quizás sí. Si bien antes no fueron jefes, sí fueron empleados, por lo tanto, saben que cosas molesta a los empleados de sus jefes.
Si se ha tenido un buen jefe, indudablemente, ese será el modelo a seguir, por lo menos en un primer momento, hasta que se afiance la personalidad del nuevo puesto. De todas formas, siempre se puede consultar con ese jefe que nos pareció un buen líder, para pedirle un consejo.
Es poco probable que la Institución decida capacitar a este nuevo jefe para cumplir sus funciones, el mercado laboral exige capacitación pero es renuente a brindarla.
Entonces, una buena opción es leer bibliografía relacionada con liderazgo trabajo en equipo y toma de decisiones. Por supuesto que, el día a día traerá nuevos aprendizajes, ya que se deberá enfrentar situaciones nuevas.
No hay que desesperarse, indudablemente, si lo han seleccionado para ese puesto, es por qué el reclutador entiende que tiene la capacidad para el mismo.
Recuerde que, una de sus primeras acciones debe dirigirse a lograr la confianza de su personal, o sea, debe fidelizarlos e integrarlos para poder trabajar en equipo. No los desmerezca, siempre acuda a su propia experiencia anterior.
Con un poco de tiempo y paciencia podrá desempeñarse sin ningún inconveniente.