Lic. Patricia Allendez Sullivan
Se considera que las nuevas tecnologías son las que propician los grandes cambios, y sin embargo no se tiene en cuenta que estos en realidad son el fruto del trabajo humano. Incluso, las tan mentadas y valoradas nuevas tecnologías han surgido de la mano del hombre, y para que las mismas nos permitan realizar muchas tareas con relativa facilidad siempre estuvo el hombre involucrado en el desarrollo y programación para su posterior aplicación.
Estas tecnologías han modificado muchas de nuestras actividades diarias. De forma paralela las estrategias de mercado refuerzan las características de las tecnologías haciendo que un gran porcentaje de la población las desee y consuma.
Por otra parte, se dice que la finalidad de las tecnologías es la de favorecer la comunicación humana y la circulación en tiempo real de la información que se produce, por lo tanto, en nuestra sociedad, las tecnologías y la información son dos valores muy preciados y deseados.
Indudablemente, la información hoy en día es el valor más importante en todo el mundo, suplantando, incluso, otros valores económicos tradicionales. Esto ocurre porque esos valores económicos tradicionales descansan sobre los cimientos de la información.
Así hemos pasado de la economía agrícola a la industrial y de esta a la informacional. Estos tres modelos conviven aunque el mayor nivel de desarrollo es alcanzado por todos los países que producen información. Por este motivo, países como Estados Unidos, Japón, así como algunos europeos esperan que el software se convierta en la industria principal, lo que les permitiría convertirse en países “productores del conocimiento”. Por ese motivo, invierten el dinero en la formación de personas que investigan y desarrollan nuevas aplicaciones de diversas utilidades, por eso podemos considerar a estas personas como desarrolladoras de nuevos conocimientos.
La comunicación es la que potencia el poder de la información, ya que si no contamos con canales óptimos de distribución de la información, su mera generación carece de sentido, ya que una gran porción de la humanidad no tendría posibilidad de enterarse de las novedades.
La comunicación cara a cara es personal, directa, libre de intermediarios, inmediata pero accesible a un número limitado de personas. En cambio la comunicación masiva es la que permite, a través de la tecnología, llegar a una gran cantidad de personas, que viven en lugares distantes y opuestos del punto en que se genera la comunicación. Es justamente la comunicación masiva, la gran potenciadora de la información.
Entre los canales de comunicación en tiempo real podemos mencionar la radio, la TV y la Internet. Todos estos medios, que tienen su público destinatario bien definido y transmiten la información acorde a la audiencia para la que trabajan.
Sin embargo, consideramos que como trabajadores de la información e insaciables buscadores de información académica en Internet, la tarea de selección no siempre es sencilla.
Muchos espectadores de TV emplean el término “telebasura” para etiquetar ciertos programas de televisión de audiencia elevada y a veces record, pero que carecen de valores de algún tipo. Estos programas son los que priman en el horario de mayor encendido, pasando así desapercibidos aquellos programas que aportan valores de tipo cultural. Incluso los noticieros se han convertido en verdaderos shows en los que nos muestran las noticias consideradas más marketineras.
Como trabajadores del conocimiento, tenemos que aprender a distinguir en Internet cientos de informaciones que podemos etiquetar como “infobasuras”. Y es lamentablemente, la que domina el ciberespacio. Se trata de información publicitaria, propagandística y personal.
Además, cuando encontramos información que consideramos útil debemos verificar si los datos que suministra son veraces y fiables. Es imprescindible conocer la fuente de información.
Internet es un espacio en el que conviven cientos de informaciones, por eso es tan importante comprobar la veracidad de lo que encontramos antes de hacer uso de dichos datos. Pensemos que así como muchos investigadores, sumamente rigurosos difunden sus nuevos conocimientos por el ciberespacio, otros simplemente realizan una tarea de bricolage.
Nosotros somos los responsables, como trabajadores del conocimiento e intermediarios directos entre la información y el usuario de verificar cada fuente de información antes de indicar su uso.