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Las revistas científicas

Lic. Marcelo de la Puente

Nadie duda que el avance científico y tecnológico que surge del quehacer propio de cada país, determina sus posibilidades de proceso auténtico y desarrollo sustentable. No sólo porque genera conocimiento utilizable en el corto, mediano o largo plazo sino además, porque conduce a una condición cultural de mayor plenitud. En efecto, tal como el arte y las humanidades contribuyen a elevar la satisfacción personal de los individuos, el abordar la comprensión de la naturaleza de las cosas y de la vida a través de la ciencia repercute con fuerza en su conducta social.

El capital del conocimiento exhibe la virtud de constituirse en lenguaje que posibilita la expresión recíproca tanto de los individuos como de los países. El grado de especialización y la dinámica que caracteriza al saber adecuadamente autentificado compromete hoy en día, para su necesario dominio, el ejercicio intelectual de un número de personas dedicadas a su cultivo.

De acuerdo a lo expresado anteriormente se puede afirmar que toda comunidad requiere de un medio de expresión a través del cual registra, transmite, e intercambia experiencias entre sus propios miembros y con los de otros grupos. La comunidad científica, tal como lo demuestra el desarrollo de las primeras revistas científicas en el siglo XVII, no es ajena a esta situación. Las revistas científicas son la expresión de la ciencia local, nacional e internacional.

El modo social para validar el conocimiento y que permite, al mismo tiempo, su difusión pública, implica un proceso riguroso que converge en la publicación de un artículo en una revista científica. La revista acredita el aporte cuya validez persiste siempre que, por métodos reproducibles y confiables, no se demuestre su falta de autenticidad. La acreditación que ejerce la revista surge de su Comité Editorial y de los árbitros que desmenuzan la comunicación del nuevo saber para garantizar su legitimidad, consistencia y valor. El Comité Editorial tiene una responsabilidad social cuya trascendencia lo obliga a detentar una solidez científicas en las materias sobre las que se pronuncia y una probada vigencia en los aspectos sustantivos que nutren a la disciplina de su competencia.

La revista científica, entonces, adquiere una particular relevancia. Por este hecho es que los científicos de países cuya actividad de investigación es marginal podrían publicar su contribución al saber en revistas establecidas en países de mayor tradición científico-tecnológica. De este modo su aporte al saber universal quedaría resguardado gozando de la visibilidad que caracteriza a los artículos contenidos en medios de elevada circulación y probado prestigio. La mayor visibilidad conduce a una mayor posibilidad de influir en el avance de la ciencia. De manera que el trabajo científico se sustenta en dos intereses: el que emana de la época en que vive y el suyo propio. Se puede afirmar, entonces, que la necesidad de los tiempos configura el proceso científico como un todo. El acto de investigación creativa es original, pero no se completa jamás porqué el conocimiento que se genera es universal en razón de que permite que se recree permanentemente. Así se incorpora a nuestra dinámica cultural y se transforma en actor social en el que reside la posibilidad de progreso de un país. Siendo la creación y recreación un ejercicio intelectual que se alimenta recíprocamente, el investigador percibe que su papel protagónico puede privilegiarse al publicar sus hallazgos en revistas de alto prestigio, cobertura y visibilidad.

Por lo tanto, las revistas científicas, además de validar nuevo conocimiento y de comunicarlo públicamente, son depositarias de un patrimonio que siendo intangible determina la capacidad de progreso de la sociedad. Esto implica que además de la mera comunicación escrita de un trabajo de investigación de relevancia, impone el dominio del proceso que autentifica la validez de la contribución y que la torna en capital del conocimiento, en bien público debidamente acreditado. Esto supone la existencia de un sólido Comité Editorial y de árbitros versados en la materia. Por lo tanto, si un país aspira a construir un patrimonio intelectual pilar de su propio progreso, no puede marginarse del desafío que implica dominar la tecnología que, además de la creación y recreación del saber, debe validar pública y universalmente el nuevo conocimiento. El dominio del proceso que lidera el Comité Editorial de una revista científica es un componente sustantivo del intelecto de un país.

En los países interesados por el desarrollo científico y tecnológico se trabaja por lograr una mayor y eficaz difusión de la información científica que generan. Por esta razón promocionan sus revistas científicas especializadas tratando que las mismas sean indizadas por importantes Bases de Datos.

Las revistas científicas latinoamericanas en su gran mayoría tienen un factor de impacto menor porque no son tan citadas en comparación con las revistas internacionales, por tratarse principalmente de publicaciones enfocadas a la solución de problemas de interés y de preocupación de comunidades específicas, generándose lo que Moravesik llamó ciencia nueva local. Sin embargo en este contexto el término local no implica que no pueda tener aplicación o interés fuera de la comunidad de donde emana. Si este conocimiento conduce a la resolución de problemas, entonces hay que darlo a conocer, no únicamente dentro de los confines del ámbito local, sino a otras latitudes donde la información pueda ser de semejante utilidad.

Sin embargo, parafraseando a Ortega y Gasset "la ciencia no habla español", por lo que se puede afirmar que en la mayoría de los países de habla hispana no existe una gran preocupación, por parte de los gobiernos, de implementar una política similar, en lo referente a la investigación científica, que en los países de habla inglesa; es decir, se carece de estudios profundos por la dificultad de los investigadores de contar con fondos suficientes, y por lo tanto sus trabajos son de escasa difusión.

Ante estos hechos en los países latinos se piensa que los investigadores y autores obtienen mayor reconocimiento y sus trabajos un mayor impacto, si los publican en revistas extranjeras; cabe acotar que esto no implica que las revistas locales carezcan de calidad, sino que el problema fundamental es su escaso radio de difusión.

Entre otros los indicadores que se tienen en cuenta para determinar si una revista tiene carácter de internacional son:

  • La venta de ejemplares sueltos o de suscripciones en uno o varios países.
  • Encontrase incluidas en índices y Revistas de Resúmenes o en Bases de Datos Internacionales o Nacionales con acceso internacional. Cada área del conocimiento cuenta con variados servicios de este tipo, tanto manuales como automatizados; estar insertas en Directorios, Repertorios o Bibliografías Seriadas, nacionales o internacionales.
  • Las listas de precios de agencias de suscripción y distribuidores nacionales e internacionales. Estas agencias publican catálogos con los títulos de revistas que pueden conseguir para distribuir entre sus clientes.
  • Por los estudios de citas, los cuales determinan no sólo la productividad de un autor, sino el índice de artículos interesantes y valiosos aparecidos en un determinado título.
  • El tiraje o números de ejemplares, lo que suele indicar si la revista tiene mayor o menor difusión, pero, se debe reconocer que las revistas especializadas tienen un tiraje más reducido que las de carácter general, pues se dirigen sólo a colegas o a iguales.
  • La regularidad y la antigüedad de los títulos constituyen factores claves en el momento de ser o no incorporadas a Bases de Datos internacionales.
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