En el ámbito bibliotecario, las funciones profesionales se fueron modificando de tal manera que si bien el almacenamiento, ordenamiento, procesos técnicos y conservación de los materiales todavía es importante, la función primordial en estos momentos es proveer información a todo aquel que lo solicite.
Por ese motivo, el libro impreso, como fuente de almacenamiento y conocimiento poco a poco deja paso a una nueva generación de libros digitales que permiten una difusión más amplia a mayor número de usuarios.
Con la incorporación de la informática en forma masiva a las actividades del hombre, ya sea profesionales, laborales, hogareñas y de entretenimiento, empezaron a surgir los documentos electrónicos. Podemos decir que un documento electrónico es aquel cuyo soporte material es algún tipo de dispositivo electrónico y en el cual su contenido se encuentra codificado digitalmente y que puede ser leído o reproducido mediante dispositivos específicos para tal fin. Si bien su aparición y desarrollo trajo múltiples beneficios, simultáneamente se creó el problema de la incompatibilidad de formatos.
Por ese motivo, el profesional de Ciencias de la Información, entre otras cosas deberá buscar la manera de que estos materiales estén disponibles en el formato que necesiten los usuarios que requieren su consulta.
Eso nos lleva al problema de las competencias y necesidades de formación de este profesional. Ya no basta con los contenidos tradicionales que se imparten en los centros de estudios, se necesita aprender más sobre las tecnologías, ya que a pasos cada vez más agigantados nos aproximamos hacia los servicios totalmente digitales.
Por ese motivo, es importante, que el profesional sepa y conozca los distintos formatos que puede hallar en el mercado y los programas que puede utilizar para leerlos, tipo visores, cuando los mismos no son compatibles con las versiones instaladas en sus PC.
También debe interiorizarse de todo lo referente a depósito legal, en cuanto a si le es posible o no, transformar el formato en el que se hallaba contenido esa obra, teniendo en cuenta la inversión que realiza la Unidad de Información en su adquisición y lo efímero de la vida de cada formato, ya que continuamente aparecen nuevas versiones y nuevos lectores de los mismos. Entonces, para conservar los bienes que hemos adquirido, ¿podemos migrarlos de formato sin incurrir en un delito, o deberemos seguir invirtiendo en adquirir nuevamente la misma obra pero en el formato que actualmente se está empleando?
Necesitamos seguir investigando esta temática ya que debemos tener una respuesta para nuestros usuarios y para las Instituciones en las que trabajamos para que entiendan la problemática del derecho de autor actual ante la multiplicidad de formatos existentes, tanto vigentes como aquellos que a no se emplean más.