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“El verdadero aprendizaje surge en el día a día, por las acciones que las personas llevan a cabo y por las redes de relaciones que controlan. Todavía, el aprendizaje depende del nivel de compromiso de las personas y de las interpretaciones que realicen.”

Peter Senge

El capital humano es el conocimiento que posee cada individuo. A medida que el sujeto aumente su capacidad de conocer se incrementa su capital humano, el cual, no necesariamente se vinculará con una Institución determinada, sino que este sujeto podrá usufructuar sus conocimientos y experiencias a través de diversas transacciones comerciales que lo vinculen con distintas Instituciones.

Sobre la base de todo capital humano se encuentran las actitudes. Las mismas forman parte del mundo interno de los sujetos y son las que conforman el mayor desempeño de una persona.

Las ganas, el deseo, la predisposición, etc., son competencias inherentes a las personas y configuran nuestra manera de actuar frente al trabajo, es por este motivo que las ubicamos en la base del capital humano.

Una forma que utilizan las Instituciones para incrementar el capital humano es el sistema de capacitaciones, que le permite mantener a sus colaboradores permanentemente con conocimientos sobre las nuevas prácticas relacionadas con su trabajo.

Terminado el período de la capacitación se deberá evaluar si realmente lo aprendido se pone en práctica, en caso contrario, la falla principal puede estar en las actitudes de estas personas, o sea, si bien han adquirido el conocimiento necesario para efectuar cambios, carecen de las actitudes necesarias para implementarlos.

Esta carencia de actitudes constituyen un obstáculo que debemos sortear. Para ello es fundamental contar con el compromiso de cada integrante del staff con la Institución. Hoy en día es fundamental, durante la selección de personal, el poder determinar si los sujetos tienen o no actitudes que desarrollarán de manera favorable a la Institución. Teniendo en cuanta que las aptitudes evidencian las técnicas y las destrezas de las personas, y que como cualquier otra habilidad se puede mejorar, perfeccionar, evolucionar, actualizar, desarrollar y potenciar, de manera que si los recursos humanos tienen la actitud correcta, pero no tienen la aptitud necesaria, la pueden incorporar mediante la adquisición de conocimientos.

En primera instancia la persona debe tener el deseo de obtener, dar o compartir conocimientos (actitud), luego la tarea es decidir cual conocimiento y mediante que proceso se desarrollaran esas habilidades aprendidas (aptitudes).

Recuerde, tanto sea empleador, reclutador de personal o candidato, las actitudes son lo que lo diferencian del resto. La capitación continua, a su vez, garantiza de alguna manera, el adquirir ciertas destrezas nuevas, valoradas en el mercado laboral, pero debe poner también de sí para incentivarlas.

Finalmente, tenga en cuenta que: las buenas herramientas incrementan la productividad en 30 por ciento, los buenos procesos pueden incrementarla en 50 por ciento; pero las mejores personas son 10 a 20 veces más productivas que el promedio.

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