“Quiénes sirven a la vida se adaptan a los cambios cuando actúan. Los cambios surgen de los tiempos; quiénes conocen los tiempos no se comportan de manera fija, por ello digo: los caminos pueden ser guías, pero no senderos trazados; los nombres pueden ser designados pero no etiquetas fijadas.”
Lao Tse
El conocimiento no se descubre, se construye. Se trata de una construcción que se inicia en el pasado y se proyecta hacia el futuro, de manera, que constituye una acumulación de saberes que comenzaron a desarrollar nuestros antepasados.
Como profesionales, debemos tener en claro que tenemos una historia que se inició hace miles de años en la antigua Súmer. Los archivos de los sumerios y sus prácticas fueron el inicio de nuestra profesión, la cual, a partir de esa época ha recorrido distintos caminos que la han llevado a constituir la disciplina que conocemos y que se imparte en diferentes Casas de Estudio. Nuestra historia constituye nuestra identidad profesional, ese saber quiénes somos, cuáles son nuestros valores, y sobre todo, ese saber hacia dónde nos queremos encaminar.
De manera que el pasado, constituido por el entorno cultural más cercano, procura el presente y éste configura el futuro. Todo este proceso se caracteriza por el cambio, el crecimiento y el desarrollo.
En este proceso también juegan un papel importante dos elementos invaluables como el asombro y la curiosidad, los cuáles, desembocan en la información, reflexión y aprendizaje.
La información es uno de los componentes del conocimiento; sin embargo, para construirlo, se necesitan otros elementos esenciales como interés, deseo, búsqueda y principalmente medios. Es así, como un individuo, un hecho significativo y trascendental suscita el asombro, y en ocasiones lo motiva o impone con mayor o menor autoridad. Surge, entonces, la reflexión, como punto de partida del nuevo aprendizaje y un nuevo conocimiento que se fundamenta en otros, desarrollados con anterioridad, de una manera similar, y que finalmente forma parte del motor de cambio de la disciplina.
Indudablemente, los cambios impulsan al progreso, y el progreso, permite un estado de bienestar a la sociedad.
Podemos considerar que aprender es experimentar la vida y también poner a prueba lo aprendido para seguir aprendiendo. Por lo tanto, aprendemos tanto a través del estudio como de la experiencia. La gestión del conocimiento, aplicada a las Unidades de Información entiende que el recurso humano es el motor vital de la misma, por lo tanto, aúna el conocimiento teórico, adquirido a través del aula y de la enseñanza continua, con su aplicación, lo que le permite al individuo la adquisición de experiencia.
La profesión no puede ejercerse como un fórmula del libro, sino que se vivencia día tras día. Nuestros Programas de Actualización tienden a aunar ambas vertientes, conocimientos teóricos avalados por la experiencia del docente que los imparte, de esta manera el profesional que participa de los mismos, puede comprender la importancia real de los conocimientos que está adquiriendo, teniendo en cuenta las posibles aplicaciones que puede darle y aquellas que surgirán a medida que los implemente.
Por lo tanto, constituimos una comunidad de aprendizaje continuo y constante, ya que nuestra profesión y la sociedad en general, están continuamente en cambio.