“La formación continua debe entenderse como una segunda oportunidad para evitar la brecha entre lo que demanda la sociedad / los usuarios de la formación y lo que les damos los profesionales de la misma. Aprovecharla sólo será posible si actualizamos nuestra idea sobre la formación, superando la idea de formación para el trabajo concreto y vinculándola cada vez más a la cultura de las organizaciones.”
Jordi López Camps
La realidad económica, social y cultural es dinámica y a su vez compleja. Es dinámica por qué se relaciona con sistemas abiertos que se influyen mutuamente y que quedan condicionados por los avances de la comunicación, la tecnología, de los mercados y de los continuos cambios económicos, políticos y sociales.
La complejidad se debe a una serie de variables internas que definen procesos diferenciados y poco previsibles en su funcionamiento y resultados.
Por eso se suele hablar de contextos turbulentos y la necesidad de adoptar estrategias generales que disminuyan la incertidumbre y orienten a procesos de intervención. Es justamente en esta encrucijada que aparece la formación como un referente obligado que puede incidir sobre estas variables.
Hoy en día, todas las Instituciones consideran a la formación como una parte de la estrategia que posibilita posiciones ventajosas con relación al cambio o como la esencia que permite el aprendizaje de la Institución.
Esta formación basada en la actualización es una consecuencia directa de actualizar los contenidos que en un momento dad se han adquirido, y se orienta a un puesto de trabajo concreto en una Institución específica. Esta formación implica a toda la Institución que se hace responsable de adoptar a un profesional, incorporándolo a un puesto de trabajo y a la cultura institucional por medio de planes específicos de incorporación.
Una vez incorporado este profesional a la Unidad de Información los procesos formativos se vinculan a las prioridades establecidas por la Institución. Por lo tanto, la formación forma parte de una estrategia de cambio e innovación y se identifica como formación estratégica.
La formación, entonces, es la base de una estrategia de cambio cultural. No se trata sólo de proporcionar habilidades, sino de posibilitar un cambio a partir de la incorporación de nuevos conocimientos, habilidades y actitudes.
La Consultora brinda la posibilidad a todas las Instituciones que lo soliciten de efectuar un diagnóstico de la situación de cada una de ellas, con la finalidad de conocer sus necesidades de formación. Con este diagnóstico se desarrollan programas de formación adecuados y a medida, los que reflejan las carencias de habilidades y conocimientos de los profesionales que trabajan en el lugar.
De esta manera personalizada, cada empleado es capacitado en aquellos aspectos que le permitirán realizar de manera óptima su trabajo. No deje de concitarnos, contamos con un staff de capacitadores que puede ayudar a su Institución a alcanzar las metas que desea.