“El territorio de la creatividad es una forma de visión subjetiva que interpreta los estímulos y las respuestas como distintas a las habituales, que admite y aprecia lo diferente. La mirada que se interroga, que busca respuestas, que elige, que aplica y aprende”.
Rafael Lamata Cotanda
¿Cómo podemos definir la creatividad? Podemos decir que es la capacidad de producir cosas nuevas. Es la capacidad de resolver un mismo problema de maneras diferentes. Es buscas de manera permanente nuevos puntos de vista. En realidad la clave de la creatividad es dejar de lado todo lo convencional.
La creatividad es un viaje al conocimiento a través de procedimientos poco habituales. El conseguir que las personas mantengan la capacidad de aprendizaje tiene mucho que ver con la creatividad, ya que supone la revisión de las propias pautas de actuación y apreciar e inventar otras nuevas.
Otro elemento importante en este proceso es la conciencia. Esta tiene que aparecer antes, durante, después o en todo el proceso de lo que se observe, se piense o se haga. Desde ese darse cuenta, es desde el que se genera aprendizaje. La conciencia es un mecanismo independiente de la creatividad, pero es necesario que aparezca en algún momento para que ésta se pueda desarrollar. Esto significa que se valora la información que se incorpora a través de la experiencia.
La actitud creativa se produce en la experiencia, en las vivencias diarias. La experiencia forma parte del proceso de aprendizaje, de mejora, de transformar los contextos personales y sociales en que nos movemos.
La creatividad nos coloca en la multiplicidad de perspectivas, en la posibilidad de ampliación de la conciencia, en la posibilidad de cambio. La actitud creativa se conforma por la percepción, elaboración y la acción. Se capta información a través de los sentidos, esa información se procesa, se valora, se archiva y se emplea para tomar decisiones en consecuencia.
La creatividad es la capacidad para marcar la diferencia. Nos preguntamos, entonces, si ¿se practica la creatividad en las Unidades de Información?, es decir, ¿existe la biblioteca creativa?
A lo largo de una jornada laboral, el bibliotecario se enfrenta a múltiples problemas que exigen de él un variado desempeño. Si partimos de la base de que el bibliotecario es consciente y portador de actividad, podemos afirmar que existe una estrecha relación entre su creatividad y sus posibilidades de expresión y reafirmación como personalidad durante la actividad en la que está inmerso.
No se concibe una persona creativa que no sea capaz de reiniciar una y otra vez un proyecto, de modificar éste todas las veces que sea necesario en correspondencia con las exigencias de la actividad, de enfrentar y vencer una y otra vez los obstáculos, tanto de índole objetiva como subjetiva que se interponen en el camino de la consecución de sus propósitos.
El bibliotecario siente este desafío constantemente y responde creativamente desde su puesto de trabajo para brindar un mejor servicio a su usuario. Para reaccionar de esta manera es necesario que se desempeñe en un ambiente de constante motivación que le permite afianzar su autoestima, que le da la seguridad necesario para tomar decisiones altamente creativas.