“El concepto de educación permanente es revolucionario, en la medida en que cuestiona a las estructuras que dirigen los sistemas educativos, lo que explicaría, en buena parte, su rechazo.”
Abraham Pain
Las habilidades didácticas conforman una de las competencias más nítidas en el perfil profesional de cualquier docente. Si a éstas añadimos la competencia del diseño de formación y de evaluación, podemos concluir que estamos en el núcleo de la tarea del profesional de la formación por lo que se refiere al elenco competencial básico.
Aunque son importantes estas habilidades, cualquier persona dedicada a estos menesteres podrá constatar que la mejor manera de adquirirlas, de ser competente, en definitiva, no se consigue, como en tantos otros ámbitos profesionales, tan sólo con la reflexión y el estudio de conocimientos conceptuales.
Nuestros formadores se caracterizan por:
- Competencia de planificación de la formación: relacionada con el diseño de la acción formativa desde el análisis de necesidades hasta momentos antes de iniciar el desarrollo de la formación.
- Competencia de desarrollo de la formación: centrada en lo psicopedagógico, abarcando desde las características del aprendizaje adulto hasta los procedimientos y actitudes propias de la intervención del formador en las situaciones de enseñanza aprendizaje.
- Competencia de evaluación de la formación: cuyo objeto no sólo está en el aprendizaje, sino también en la institución y en el propio programa. Asimismo, la competencia de evaluación debe asumirse desde la multidimensionalidad del fenómeno en cuanto a finalidades, instrumentos, modelos, agentes, momentos y referentes.
- Competencia cultural y contextual: justificada por el contexto de actuación en el que el formador opera. Además, por ser el contenido (lo cultural) uno de los elementos básicos que, junto con lo pedagógico y lo contextual, conforman los tres elementos centrales de la competencia de este profesional.
- Competencia organizativa: referida a la institución más que a la organización del proceso de aprendizaje, aspecto inherente en anteriores competencias. Esta participación en la organización es especialmente significativa en la formación profesional y ocupacional al estar muchas de las acciones contextualizadas en el ámbito organizativo.
- Competencia de innovación y de investigación: en tanto que el formador es un agente de cambio así como un investigador de su propia práctica. Con ello, la reflexión en la acción y sobre la acción es una práctica más que aconsejable en el ejercicio profesional de las tareas de formación.
Por todas estas cuestiones consideramos que brindamos un buen servicio a través de nuestros formadores a todos los profesionales que desean capacitarse.